Historias de pacientes 3: “si no nos permitimos sentirnos vivas, nuestro día a día pierde fuerza”

sep 17, 2018 0 Comentarios en testimonios
Historias de pacientes 3: “si no nos permitimos sentirnos vivas, nuestro día a día pierde fuerza”

Esta paciente acudió a mi porque después de tener un cáncer de mama no se reconocía, tenía unos kilos de más y un poquito de barriga. Cuando lo comentaba, en su entorno, le decían que estaba estupenda, que después de lo que había pasado que tontería preocuparse por su aspecto. Los cambios físicos que aparecen durante el cáncer y su tratamiento afectan a la autoestima y muchas veces son difíciles de sobrellevar, no son tonterías ni es frívolo querer ser como antes. Ella es una paciente empoderada, ha participado de forma activa desde el diagnóstico de su enfermedad hasta su tratamiento. Durante todo el proceso ha tomado parte y se ha implicado. Se ha informado y formado, ha reunido un montón de recursos y los ha sabido utilizar para tener una mejor calidad de vida. Ha integrado la medicina convencional farmacológica imprescindible en estos casos, con otros medicinas que le han permitido, cambiar sus hábitos de vida, efectuar cambios en su nutrición, modular sus sentimientos y sensaciones a través de técnicas, como el yoga y la meditación, cuidar el aspecto emocional y mental para conocerse a sí misma y sus necesidades. Y en este momento y después de muchos cambios y adaptaciones quería verse como antes, nada más y nada menos. Mi papel en esta historia ha sido muy simple, facilitar herramientas y conocimientos y que ella los utilizara de la forma adecuada.

Esta es la historia contada por ella, de la paciente que después de un cáncer quería volver a ser ella.

Todas las mujeres tenemos puntos de inflexión en nuestras vidas. El mío fue el diagnóstico y tratamiento de un cáncer de mama HER2+ y hormonal sin llegar a los 40 y con un niño pequeño. Tuve la suerte de que acepté la enfermedad y el tratamiento, intentando que los 6 largos meses de quimioterapia, las “vacunas “antier 2 y la radioterapia me acompañasen lo mejor posible, con mis altos y bajos y con la ayuda de mi gente, que quiero y me quiere. Después de este eterno viaje llega el día de las famosas “pastillitas” (tamoxifeno) o “pastillita” e inyección (aromasin y decapeptyl) o similares y te encuentras con que estás VIVA (ese era el objetivo) pero que no te reconoces en el espejo, no eres la misma. Una gran parte de tu entorno te ve estupenda, pero tu no tienes la misma percepción, de golpe y porrazo, parece que por el hecho de superar la enfermedad y el tratamiento no puedas hacer lo mismo que el resto de los mortales: quejarse por el flotador que invade tu cintura a pesar de ir al gym regularemente. Tengo que comentar que acabé la quimioterapia con mi peso (quizás un kilo más) y que siempre he intentado comer bien (verdura abundante, cocinar a baja temperatura, cereales integrales, nada de bollería industrial ni refrescos, etc). Una vez realizada esta apreciación volvamos a mi barriga y los hoyuelos que la colonizaban. Ante esta situación y antes de que fuera irreversible, pedí hora con la Dra. Martínez Obiols, para saber como podía mejorar mi dieta y verme mejor.

La Dra. Me hizo una dieta personalizada y flexible combinado con algún suplemento (te aseguro que domina todos los del mercado) y un artilugio nuevo para mí con el sobrenombre de “rodillo”. Hace un masaje corporal y te moldea, haciendo que tengas más forma y se suavice la terrible piel de naranja. Es increíble, pero no milagroso. Ahora puedo ponerme mis vestidos sin sentirme con 10 años más encima.

Estar viva es importante pero si no nos permitimos sentirnos vivas, nuestro día a día pierde fuerza.

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