Pensar global, comer local

abr 19, 2018 0 Comentarios en Estilo de vida
Pensar global, comer local

Una de las tendencias de alimentación de la que se habla este año es lo que se ha llamado “Pensar global, comer local”. ¿Pero qué significa esta expresión que cada vez oímos más a menudo?

Debido a las vidas agitadas que llevamos, cada vez se potencia más el auto-cuidado y la preocupación por la alimentación como forma de regular el impacto de nuestro estrés en nuestra salud y estilo de vida. La demanda de productos saludables va en aumento, igual que el consumo de vegetales, que se ha disparado. Los súper-alimentos, la comida de origen ecológico, las dietas de diferentes tipos, los zumos verdes… son algunos de las formas con las que se materializa esta preocupación por la alimentación sana que, a veces, casi se puede llegar a convertir en una obsesión irracional. A la vez, también nos sentimos cada vez más concienciados sobre el medio ambiente y sobre la importancia de consumir productos de km 0.

Pero ¿cómo es posible integrar esta creciente preocupación por nuestra alimentación con la necesidad de consumir de forma local, sin caer en contradicciones en el proceso? ¿Acaso no resulta imposible apostar por los productos de km 0 si el súper-alimento de moda (por, ejemplo, el aguacate), procede principalmente de países tropicales?

Ante estas dudas, vale la pena poner un poco de reflexión y sentido común:

Qué significa pensar global

La frase “Think Global, Act Local” se atribuye al activista Patrick Geddes a principios del siglo XX en el contexto de la planificación urbanística. Pero la expresión se ha ido transformando hasta más o menos pedir a la población tener en cuenta la salud del planeta en su conjunto y, con ello, realizar acciones pequeñas en sus propias comunidades. Esto tiene sentido a causa del capitalismo, que potencia el intercambio masivo de productos entre países de todo el mundo, de forma que puede llegar a desequilibrar la producción y la economía local de forma negativa, además de perjudicar el medio ambiente por los costes de transporte y combustible que implica la distribución de dichos bienes.

Por ello, si pensamos desde un punto de vista global, es decir, teniendo en cuenta el planeta como un ecosistema que debemos preservar, por sentido común debemos tomar acciones a nivel local para poder proteger esta “globalidad”.

Beneficios nutricionales de comer local

Comer productos de km 0 no sólo es beneficioso para nuestro ecosistema y para nuestro planeta, sino que con ello contribuimos a la economía local y al sustento de los productores de proximidad.

Los productos de km 0 son aquellos alimentos que son producidos a un radio no mayor a 100 km de nosotros porque permiten reducir el fuerte impacto ambiental del transporte de bienes. Pero más allá de esto, ¿qué beneficios nos aporta comer de forma local?

  1. Comemos de temporada

Fijarnos en los productos de km 0 nos permite regirnos por el calendario de verduras de temporada, por ejemplo, y eso nos hace tomar consciencia de nuestro entorno y de los alimentos que pertenecen a cada época del año. Cuando disponemos de todo tipo de productos durante todo el año, probablemente estamos consumiendo productos menos nutritivos debido a que vienen de más lejos o a que deben ser “tratados” para aguantar mejor de forma artificial.

  1. Mantenemos el valor nutricional

Si consumimos productos de km 0, seguramente estos vendrán menos envasados para aguantar la durabilidad de su transporte, por lo que se reducirá el desperdicio de productos no biodegradables (plásticos, etc), y así, los productos estarán conservados de forma más natural. Además, si conocemos su origen, probablemente garantizamos que se producen según normativas europeas, que son más estrictas que la de otros países productores.

  1. Probablemente comemos más ecológico

El hecho de que los productos vengan de cerca o de pequeños productores, propicia una alimentación más natural, con un uso nulo o limitado de productos químicos o artificiales para la conservación de los alimentos. Muchos de ellos, por ser aquellos productos de temporada que la tierra puede ofrecer, serán ecológicos.

Pero ¡ojo! Intentar consumir productos ecológicos no siempre es coherente: más vale consumir una manzana no-ecológica producida de forma local, que no una manzana con certificado ecológico que provenga de Australia, porque no tiene ningún sentido. Por más ecológica que sea, su transporte seguramente debilitará sus nutrientes.

  1. Contribuimos a no desperdiciar alimentos

Al acortar la cadena de intermediación, reducimos los descartes de piezas de fruta o verdura. La cercanía en el consumo es una medida fundamental para reducir el desperdicio. Además, contribuimos a evitar el descarte de “piezas” por razones de estética y marketing. Probemos de mirar las frutas y verduras como productos naturales, que pueden tener golpes o imperfecciones que no los hacen menos saludables, sino más naturales. ¡No escojamos la fruta o la verdura como algo que debe ser un producto perfecto, brillante, casi como de plástico!

  1. Consumimos menos productos industriales

Consumiendo local, evitamos que los productos estén sometidos a condiciones de larga conservación. Por ejemplo, si compramos legumbres o carnes a granel, en lugar de las de bote, seguramente serán más nutritivas y naturales. Así, ahorramos elementos potenciadores del sabor como azúcares, espesantes etc.

¡Pero no nos obsesionemos! Ya tenemos suficiente bombardeo de información y de recomendaciones como para que esta sea otra. Podemos, por supuesto, comer alimentos que no provengan de menos de 100 km. Por esta razón, ¡en Madrid no podrían disfrutar de sus famosos bocadillos de calamares! Lo interesante de esto, como explica el periodista Jordi Sabaté en eldiario.es, es que “cuando sea posible, indaguemos el origen de los productos que adquiramos y escojamos siempre los que tengan un origen local respecto a ubicación”. Entonces, tomémoslo como un ejercicio de aprendizaje que nos ayude a tomar conciencia de nuestro entorno y de lo que ponemos en nuestra cesta de la compra.

 

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